Jorge y su hija pequeña Mati fueron a dar un paseo al parque de atracciones. En el camino se detuvieron a darse una comilona.

Se acercaron a un puesto de perritos calientes y Mati dijo: – “Papi, quiero…”. Jorge le interrumpió y le compró un perrito.

 Al llegar al puesto de palomitas, Mati volvió a gritar:– “Papi, quiero…”. Jorge le interrumpió y le atiborró de palomitas.

Al llegar al puesto de los helados Mati volvió a gritar: – “Papi, quiero…”. Jorge le volvió a interrumpir… pero esta vez dijo: – “¡Quiero, quiero!”

– “Ya sé lo que quieres, ¿un helado?” – “No, papi”, suplicó. “Quiero… vomitar”


 

¿Qué aprendizaje  obtienes de este cuento?  ¿Cómo crees que se ha sentido el  padre? Y si fueras Maty ¿cómo te sentirías?  

 

La mayoría de las veces, cuando estamos con un interlocutor delante y mantenemos una conversación, o nos pasa lo del cuento, y creemos adivinar lo que el otro quiere, o pensamos en cómo convencer al otro de nuestro discurso, o cómo vamos a responder ni siquiera habiendo escuchado la respuesta. ¿Te suena?

¿Realmente  escuchamos  con la atención y escucha que  se merece el Otro?

 

Escuchar, una acción que hacemos todos los días y que parece fácil,  que hacemos casi  sin esfuerzo y de manera automática, y que no le damos ningún valor. Pero aquí  hablo  de la escucha consciente, de  una ESCUCHA con mayúsculas. Que es cuando escuchamos con todos nuestros sentidos al Otro, de manera atenta,  presente y consciente a lo que dice, y a cómo nos lo dice, a sus gestos… La escucha de verdad, aquella, en la que el Otro se siente importante, seguro , entregado y confiado.

Así..¿Cuántas veces has ESCUCHADO?

Todos tenemos algo que contar, y merecemos ser escuchados de verdad!

escuchas

 

 

Inhalo sorpresa, exhalo siempre gratitud.