Esta semana tenía una reunión importante, y llegué tarde. A pesar de salir con bastante tiempo, pues llovía y eso ya de por sí intensifica el tráfico por mi zona, me topé con algo inesperado. Había un coche parado en la calzada y eso hizo que se formara un atasco de más de una hora, en un recorrido que normalmente se tarda 15 minutos.

No me gusta llegar tarde. Me parece una falta de respeto absoluto. Así que estar en esa situación normalmente me pone bastante alterada, nerviosa y de mal humor. Me dan palpitaciones y me siento muy inquita. Pero esta vez fue distinto.

Antes de relatar lo que hice para minimizar mis nervios, es importante que sepáis y/o os recuerde que un 84% de la población española sufre de estrés, según un estudio sobre la percepción del estado de bienestar de la población que ha realizado la empresa de comunicación Nielsen.

Sufrimos estrés porque  percibimos una situación “amenaza”. En su trabajo Hans Selye (1936) el padre de la investigación sobre el estrés, desarrolló la teoría de que el estrés es la causa principal de muchas enfermedades, ya que el estrés crónico provoca cambios químicos permanentes a largo plazo, con graves repercusiones en la salud.

Otro estudio, del fabricante de lubricantes Castrol, calculaba que los españoles pierden 72 días a lo largo de su vida en atascos. Muchas horas invertidas, en las que se produce un gran estrés. Está comprobado y medido , que conducir y los atascos, especialmente, alteran a muchos de nosotros. ¿Qué hice esta vez de diferente?. Te confieso que fue un cúmulo de muchas cosas, entre ellas estar cada vez más entrenando mindfulness (atención plena al presente), y contar con alguien especial que además me iba informando de todo lo que pasaba. Desde aquí muchas gracias. Esto hizo que contaran con información de primera mano y en tiempo real. Lo habitual es que no cuentes con esta “ayuda extra”. Así que vamos a centrarnos en lo que hice  dentro de mi coche.

7 Pasos para mantener la calma en el atasco, que a mí me funcionaron:

  1. Tomar conciencia de mi cuerpo. Después de despotricar, y enfurecerme, escuché a mi cuerpo.  Mi corazón latía con fuerza.¿Qué me pasa? ¿Cómo está reaccionando el cuerpo? Observé mi lenguaje. ¿Qué estoy diciendo y/o pensando?
  2. Racionalicé el estrés. Pensé ¿Qué me está provocando estos nervios? , respondí; Llegar tarde a la reunión. STOP. Paré todos los pensamientos negativos que en otras ocasiones llegan a mi mente, del tipo, “vas a quedar fatal”, “te verán como poco profesional”, “pensarán que no prevees las cosas”, “que no lo has tomado en serio”, etc.etc… STOP a los pensamientos  auto-destructivos.
  3. Actuar. ¿Qué puedes hacer tú aquí y ahora? Piensa en el rango de acción que tienes frente a la situación en la que estás. Yo, por el momento, lo único que podía hacer era llamar, explicar qué estaba pasando y avisar de que iba a llegar tarde. Esto redujo en parte mi ansiedad, pues al otro lado recibí empatía y comprensión. Rechazar pensamientos que no sea de acción y que no dependa de ti, tipo: “ojalá pudiera quitar los coches de delante”, “podría existir una carretera alternativa”, también podría volar para llegar antes, etc.etc…) es clave para neutralizar. Solo puedes actuar sobre ti y lo que depende de ti.
  4. Respiré. Una respiración larga y profunda. Inspiré con ganas y llené mis pulmones de aire, y tras unos segundos exhale poco a poco con conciencia. Eso ayudó a calmar mi agitación.
  5. Bebí un poco de agua. Este consejo lo aprendí de Elsa Punset. Me pareció muy curioso, y lo mejor de todo, es que puedes aplicarlo a diferentes situaciones que percibas como amenazantes. Al parecer, cuando bebemos agua nuestro organismo interpreta que no estamos en peligro de muerte, y por tanto, se relaja.
  6. Hablé en alto. Verbalizar lo que estaba haciendo era todo un logro para mí y un reconocimiento de que estaba “controlando la situación”. Si puedes, comparte tus avances con alguien. Sentir que no estás sola ayuda a superar ese momento.
  7. Hice un Gesto Positivo. Cuando estamos alterados y nerviosos, tendemos a encogernos y ponernos de mal humor. Estamos en alerta y “contra el mundo”. De lo que aqui propongo es hacer todo lo contrario. Vencer el mal humor y el hastío con un gesto amable y positivo. Me esforcé en sonreír, reírme de lo cómico de la situación,  y en un momento de parón, aproveché a enviar un mensaje de gratitud a alguien que hacía tiempo que no veía.

Poco a poco, mi percepción de la situación fue de aceptación  y de normalidad, por lo que mi cuerpo y mi mente, se fueron relajando. Subió mi humor, me concentré en conducir  y en llegar al edificio en cuestión donde transcurría la reunión. Cuando subí a la sala ,  respiré antes de entrar, agradecí el tiempo de espera a los participantes, sonreí y me incorporé a la conversación con naturalidad. Me sentí satisfecha.

 

Fugazmente , recordé cómo había llegado a otras reuniones  en las que también por diferentes causas llegué  un poco tarde;  entraba alterada, con la cara desencaja, con muchos aspavientos,  y a la velocidad  de un huracán; pude ver cómo ese comportamiento impactaba en el ritmo de la reunión y en  las personas que allí estaban. Volví a sonreír pero por  pura auto compasión.


¿Te reconoces?

Identificas otras situaciones de la vida diaria que te alteran y te ponen nervis@. Haz un pequeño repaso en voz baja.

Cuál de estas propuestas, ¿te resultaría más fácil incorporar y aplicar?

Y, cuál de ellas, por el contrario, ¿te costaría más llevar a cabo? ¿Por qué?

¿Qué podrías hacer tú para incorporar esta nueva rutina la próxima vez que te sientas alternad@?

¿Cómo respondes ante los atascos?

¿Qué te ha funcionado en otras ocasiones y quieres compartir?

 

“Mantener la calma en la quietud no es verdadera calma.

Mantenerse tranquilo en medio de la turbulencia, esa es la verdadera calma.

La felicidad en medio del bienestar no es verdadera felicidad,

Mantenerse feliz al enfrentarse a la adversidad

eses el verdadero potencial de tu mente”.

(Poema Oriental, Huanchu Daoren)

 

Feliz semana.

Inhalo sorpresa exhalo siempre gratitud.